20.4.11

anoche entendí

Estaba sentadita.
Como de costumbre perdía mi tiempo.
Entonces pasó algo.

Caí en cuenta de que no poseo ningún misterio. Sólo soy una mujer que no sabe, que no puede, dejar de girar.

12.4.11

Así

Yo también salí corriendo
Yo también me quedé esperando
Mirando
Y también lloré

11.4.11

Necesito que comprendas lo siguiente:

Necesito sumergirme en el silencio de ese cuarto, de esa cama que no es la tuya, que no es de nadie. Nada aquí me pertenece, ni siquiera el cuerpo que me ofreces. Ni siquiera las ganas con las que me miras. Sé que son mías, y ni así me pertenecen.

Hace tiempo que partí de mí y hoy habito en los colores de la calle. Transito la calle. La admiro. Pero sé que no podría con ella como sé también que no puedo contigo. Sólo soy la calle, la cama y la colonia. Solamente.

Y los martes huyo. Escapo con miedo de la voz que envías para buscarme. Porque el cielo comienza a derretirse y las gotas al caer todo lo invaden. Invaden las calles que habito, y hacen que la cama flote.

Mira todo lo que pasa con tu voz.

Por eso yo me voy volando entre las gotas azules, y a veces salto los charcos y luego vuelo de nuevo. Por eso me derrito yo también.

Necesito que comprendas y al fin me dejes tranquila. Quiero seguir recorriendo las calles de cada colonia, en la ciudad más grande y ruidosa, sin que la inmensidad de tu cielo me someta.

10.4.11

Algo nos pasa, a ti y a mí, que no podemos mantener la calma. No podemos parar. Así que vamos recorriendo cuerpos, vamos buscando centavos por debajo de las alfombras llenas de polvo.

Algo nos pasa que no sabemos besarnos. Hemos olvidado todo, cómo mover la lengua, cómo evitar el roce amargo de los dientes. Como si de nuevo tuviéramos 13 y el miedo de atorarnos con los braquets nos invadiera el cuerpo.

Algo pasó que ya no tenemos ganas de entregarlo todo y derretirnos. Sólo se escurren las ganas a medias y no podemos si quiera rozar por accidente las palmas de las manos

Cómo entonces esperar todo tu cuerpo para mí, cuando ni la mirada se atreve a coincidir.

A ti y a mí nos robaron algo, algo rompieron. Ya no podemos prometer si quiera el intento. Y aquí seguimos, encontrándonos a veces cerca. En una cama, en un café. Seguimos caminando por la ciudad, cocinando los lunes en mi casa, los jueves en la tuya.

Pero al final no pasa nada.

Amanecí juguetona, así que recorrí descalza los rincones de tu casa.